Curadores
Sam Cornish
04. May 23. Aug. 2024

A place in the world

Garth Evans tiene pensamientos complejos y encontrados sobre la relación de la escultura abstracta con el público y su papel en la sociedad. La falta de propósito de la escultura moderna —sin función conmemorativa o didáctica— aporta libertad, pero también amenaza con caer en la redundancia. ¿Cómo hacer escultura, con su necesidad de ocupar el espacio, cuando ésta no tiene un determinado lugar en el mundo? Esta duda combinada con la determinación de seguir creando a pesar de la incertidumbre, ha fundamentado su carrera como escultor y maestro, quien se encuentra ahora en su octava década de vida.

Evans no ha respondido al dilema de la escultura con polémica, sino con poesía, una poesía física que surge en el espacio entre nuestros cuerpos y los objetos mundanos que nos rodean. La falta de propósito de la escultura moderna se refleja en la dinámica formal de su arte. No hay ostentación: su escultura no parece asumir un lugar en el mundo, incluso si por necesidad requiriera uno. Evans trabaja con precisión y minuciosidad, pero también abraza el capricho, lo inesperado o lo difícil de entender. El capricho advierte al espectador sobre la extrañeza de la escultura, mientras que la precisión formal actúa como justificación, encajando cuidadosamente la escultura en la existencia. Es especialmente atento a los bordes de sus esculturas, las fronteras entre la obra de arte y el mundo, a menudo creando estructuras que se adhieren a la pared o que simplemente se elevan desde el suelo. En muchas de sus obras se nos hace conscientes de algo que permanece oculto, un indicio de que, a pesar de la necesidad de la escultura de ocupar espacio, aspira a originarse en algún lugar distinto de la realidad cotidiana.

– Sam Cornish

 

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