05. Nov 14. Apr. 2021

A propósito de vibraciones

El cobalto en nuestro suelo

Para arrancar la mayor parte de los metales a la corteza terrestre es necesaria una gran cantidad de fuerza, es preciso hacer crujir la tierra, horadarla, violentarla. Este inicio es ya suficiente para hacer vibrar el material. Forzamos a los metales para cumplir con un ciclo de vida anómalo, arrancándolos de la tierra para que finalmente ellos mismos, ante nuestra impotencia, regresen a su estado inicial. No olvidemos que en nuestro universo la anomalía es la vida. Es importante reconocer el material para que esta transformación sea digna, para que la violencia de su origen sea, si esto es posible, justificada. Dotarlos de nombre es el primer paso para establecer una relación vibrante con ellos.

El oro en nuestras manos

Los trabajadores del metal logran reconocer el olor del cobre, el color del hierro, la nobleza de la plata, la opacidad del aluminio, la sonoridad del bronce, y sus pulmones pueden ser obstruidos por respirar reiteradamente oro en polvo. Y es el oro uno de ellos que casi se nos entrega puro y claro ante los ojos, escaso y resplandeciente, como pidiéndonos que lo tomemos, que lo llevemos con cuidado y lo atesoremos, atestiguando algunos de nuestros días más importantes, personales y de la humanidad entera, vibrando a nuestro propio ritmo. Un cuerpo rígido y estable sobre otro maleable y frágil, el hombre y sus ornamentos En su sueño de permanencia.

El hierro en nuestra sangre

La poética metálica vibra por sí misma. Los metales resuenan en un accidente de tráfico con vehículos deformados, en las promesas inocentes de amor interminable, en un enfrentamiento armado, en los movimientos coordinados de nuestras grandes fábricas, en el sabor metálico en nuestra sangre; en los martilleos manuales de los trabajadores arcaicos, que resisten pacíficos construyendo formas metálicas. Los metales resuenan, pero siempre requieren de quien pueda recibir las vibraciones y quien sea capaz de amplificarlas. Nunca es tarde para regresar nuestros sentidos a la tierra.

Yaotzin Chacón

Obras de la exposición